La
transferencia de Hernán Crespo del Parma italiano a la Lazio de
Roma en 55 millones de dólares se convirtió en la mayor a nivel
mundial. No es ninguna novedad que los futbolistas argentinos
siempre se cotizaron de manera superlativa en el mercado europeo.
Desde siempre la categoría y habilidad de nuestros jugadores deslumbraron
a los técnicos y dirigentes de los poderosos clubes de Europa.
Cuando a mediados de 1904 se produjo la visita del Southampton
-primer equipo profesional inglés de fútbol en venir a la Argentina--,
se penso que Alumni era el único conjunto del país capaz de enfrentarlo
decorosamente. El encuentro se realizó el 26 de junio. Los británicos
-inventores y maestros del deporte-no sólo debieron esforzarse
más de lo esperado para vencer 3-0 sino que, además, quedaron
sorprendidos por la actuación del defensor local Carlos Brown,
a quien decidieron observar un par de partidos más. Días después,
se convertía en el primer jugador argentino que era tentado para
jugar profesionalmente en Europa. Por razones familiares Brown
decidió quedarse. El 13 de junio de 1909, el Tottenham Hotspur
- el mismo club londinenese en que años después brillaran Osvaldo
Ardiles y Ricardo Julio Villa-se midió con un Alumni reforzado
por algunos jugadores del interior., entre otros, José Viale,
delantero de Newell's Old Boys de Rosario. El rosarino enloqueció
a la defensa inglesa. También le ofrecieron recalar en Londres
pero, a diferencia de Carlos Brown, con el contrato ya firmado.
El puntero decidió seguir gambeteando a orillas del Paraná. Finalmente
en 1925, otro jugador de Newell's, Julio Libonatti, figura en
el Sudamericano de 1921 -ganado por la Argentina--, inició el
éxodo. El Torino de Italia se llevó al mediocampista, quien jugaba
tanto por la izquierda como por la derecha. del ataque. A partir
de los Juegos Olímpicos de 1928, disputados en Amsterdam, Holanda,
y el Campeonato Mundial de 1930, en Uruguay, (en los dos torneos
Uruguay fue campeón y los argentinos subcampeones) se inició el
interés de los conjuntos europeos en los futbolistas nacionales.
Los italianos tomaron la delantera y contrataron a jugadores "oriundos"
(de origen o ascendencia italiana), quienes, de acuerdo a las
reglas de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA),
podían representar al país de sus ancestros. El negocio era redondo.
De un solo tiro, los italianos mejoraban sus equipos y selecciones.
A tal punto que Italia fue campeón mundial en 1934 con cuatro
argentinos: Raimundo Orsi -autor de un tanto en la final y figura
del certamen--, Enrique Guaita -goleador del campeonato de primera
división italiana de 1934-35, con 28 tantos--, Luis Monti y Atilo
Demaría. Por las dudas, contaban, además, con otro extraordinario
jugador: Renato Cesarini, compañero de Orsi en la Juventus. Los
sueldos que recibían los futbolistas argentinos eran muy elevados.
Mientras Monti ganaba 2.000 pesos moneda nacional y Guaita 1.600,
ningún jugador cobraba más de 350 en la Argentina. La Segunda
Guerra Mundial detuvo el éxodo a Europa. Pero, paralelamente,
aparecieron nuevos horizontes en América. En 1937, un grupo de
ocho jugadores -entre ellos Fernando Paternoster, zaguero titular
del seleccionado en el Mundial del '30. se radicó en Colombia.
Fueron los precursores del éxodo masivo que se registró durante
los años siguientes. Los dirigentes colombianos para asegurarse
la contratación de figuras de renombre ignoraban las normas legales
de contratación, lo mismo que ocurría en México. A fines de la
década de los cuarenta se llegó a un acuerdo con la Federación
Mexicana de Fútbol para regularizar las transferencias. En cambio,
la División del Fútbol colombiano (Dimayor) -entidad rectora del
campeonato profesional de ese país desde 1948- no modificó la
posición y fue desafiliada de la FIFA. Al no tener que pagar el
pase internacional, los equipos colombianos incorporaron a los
mejores jugadores argentinos ( Pedernera, Di Stéfano, Báez, Julio
Cozzi, entre otros). El dinero que debían invertir en los pases
eran recibido por los jugadores y los sueldos eran cada vez más
importantes. En 1949, actuaban en Colombia 57 argentinos. Dos
años después la cifra había sido duplicada. En este éxodo influyó
la huelga de futbolistas registrada en la Argentina entre noviembre
de 1948 y abril de 1949. Pese a que los dirigentes acabaron aceptando
las exigencias de los jugadores, una de las más importantes fue
la libertad de contratación, recién sería aplicada --según la
nueva regla-a partir de 1952. La presión de la AFA y de su similar
peruana --las más afectadas por el problema-y de los jugadores,
sumada a la necesidad de blanquearse de los dirigentes colombianos,
desembocó en el tratado firmado en Lima en 1951. A favor de este
acuerdo, los futbolistas que actuaban en Colombia sin el pase
respectivo debieron retornar en octubre de 1953 al club que representaban
antes de emigrar, al que legalmente seguían perteneciendo. Néstor
Rossi, uno de los mejores centromedios de l fútbol argentino,
volvió a River y fue campeón. Sin embargo, algunos tomaron otros
rumbos. Entre ellos, Alfredo Di Stéfano y Héctor Rial, quienes
formaron parte del célebre equipo del Real Madrid, campeón de
Europa cinco años consecutivos. Di Stéfano fue goleador de la
Liga Española en cinco oportunidades y mejor jugador de Europa
en la temporada 56-57. Además mantiene la condición de máximo
artillero en la Copa de Campeones de Europa con 49 goles. Otros,
como Julio Toker -poco conocido en la Argentina-se quedaron para
dedicarse a la enseñanza del fútbol. Pero, según afirman aún los
propios colombianos, nadie igualó a Adolfo Pedernera. Ya sea como
futbolista y como entrenador o maestro. El tercer éxodo masivo
se produjo luego del Sudamericano de 1957, en Lima, ganado de
manera brillante por Argentina. Nuevamente los italianos se llevaron
a los delanteros más capaces. Humberto Dionisio Maschio y Antonio
Valentín Angelillo se fueron por 5.000.000 de pesos moneda nacional
( unos 126.000 dólares) cada uno.. Ernesto Grillo por 3.300.000.
(86.250 dólares). Enrique Omar Sívori, uno de los mayores talentos
futbolísticos que dio las inferores de River, fue vendido en 10.000.000
de pesos moneda nacional (algo así como 247.500 dólares) Con el
producido por la venta de Sívori River hizo construir la tribuna
baja que da espaldas al Río de La Plata. El estadio Monumental
era una herradura y tiempo después, para el Mundial 1978, se cerró
el piso alto y quedó convertido en un anillo. Sívori realizó una
excelente campaña en la Juventus y el Napoli, siendo también el
goleador de la temporada 59-60, al convertir 27 tantos. Angelillo
no se quedó atrás en el campeonato anterior, jugando para el Inter
de Milan, señaló 33 goles en una temporada un récord inigualable.
Uno de los graves problemas que tuvo el fútbol argentino a nivel
de selección fue que el éxodo le restó chances para tener buenas
actuaciones en los Mundiales. Desde los medios de información
se reclamaba la presencia de Maschio, Angelillo, Sívori, Loíacono
y Grillo, entre otros para jugar el Mundial 1958. Los dirigentes
no estaban muy convencidos y los mejores futbolistas que estaban
actuando en Europa no viajaron a Suecia, donde la Selección tuvo
una actuación mediocre. Finalmente, Maschio y Sivori terminaron
jugando para la selección italiana en el Mundial de Chile. En
los primeros años de los sesenta, Boca y River trataron de renovar
el mercado nacional con la contratación de extranjeros. Fue la
etapa denominada "Fútbol espectáculo", que fracasó porque no hubo
renovación en las divisiones inferiores. En tanto, en Italia,
Pedro Manfredini, ex jugador de Racing, se consagró goleador de
la Liga 62-63 convirtiendo 19 goles con la camiseta de la Roma.
En los años setenta, la AFA, preocupada por los problemas de no
poder hacer un Mundial con un equipo no se condiciera con su historia,
decidió intervenir en el tema. El 7 de febrero de 1974 prohibió
la venta de jugadores menores de 25 años. La disposición, sin
embargo, no fue respetada y cuando se aproximaba el Mundial de
Alemania 1974 tenía una gran cantidad de jugadores en el exterior:
Angel Bargas en Francia, Roberto Perfumo en Brasil y Héctor Casimiro
Yazale en el Sporting de Lisboa, Portugal. Los otros tres militaban
en el fútbol español porque en Italia no se aceptaban extranjeros.
Se agregaron a la lista Rubén Ayala, Daniel Carnevali y Ramón
Heredia. El fracaso del equipo en Alemania permitió el ingreso
como técnico de César Luis Menotti. El 10 de octubre de 1975,
la AFA, a pedido de César Menotti volvió a prohibir la venta de
jugadores al exterior. No obstante, en ese lapso emigraron Héctor
Scotta y Miguel Brindisi. Posteriormente Menotti presentó una
lista de 37 jugadores intransferibles. La fórmula dio resultados
y se detuvo la emigración, aunque los socios de Rosario Central,
en una asamblea, decidieron vender a Mario Alberto Kempes al Valencia
de España en una suma cercana a los 600.000 dólares. Terminado
el Mundial de 1978 emigraron varios campeones del mundo: Ricardo
Bertoni, Ricardo Villa, Osvaldo Ardiles y Alberto Tarantini. En
esa época la AFA comenzó a incluir en los contratos de venta cláusulas
en que los jugadores que actuaban en el exterior debían facilitarlos
las respectivas federaciones si eran requeridos para compromisos
oficiales. A principios de 1982 se reabrió en Italia el libro
de pases para extranjeros. En 1982, Ramón Díaz fue contratado
por el Nápoles en 1.250.000 dólares; Daniel Passarella por la
Fiorentina en 1.200.000 dólares y Patricio Hernández por el Torino
en 750.000 dólares. En 1983 Italia acrecentó el número de jugadores
extranjeros a tres. Y se extendió una modalidad nueva en los pases.
Los clubes europeos compraban a varios futbolistas foráneos aunque
tuviera el cupo cubierto y los cedían a préstamo a otras instituciones.
Luego, de acuerdo al rendimiento que habían tenido decidían o
no su contratación los vendían a otras instituciones. El caso
más difundido fue el de Claudio Borghi, a quien compró la Roma
y lo cedió a préstamo al Como. Pero el fenómeno más significativo
que tuvo la década de los ochenta fue de la figura del empresario
y de las empresas encargadas de comprar jugadores y luego transferirlos
a otra institución. El modelo no era nueva porque ya en la década
de los sesenta un consorcio fue el que le compró a River a Enrique
Omar Sívori y luego lo vendió a la Juventus. El caso de Diego
Armando Maradona fue atípico en su momento. Argentinos Juniors
se lo vendió a Boca en una operación triangular. Si el notable
jugador era transferido debían pagar una importante suma al club
de La Paternal. . Se lo llevó el Barcelona en 7.900.000 dólares,
pero, en realidad, la operación insumió el desembolso de 12.000.000
de dólares al club catalán. 5.900.000 fueron para Argentinos y
el resto a Boca y que, sumado el porcentaje para el jugador, comisiones,
primas y sueldos para el jugador llega a esa cifra. El pase del
Barcelona al Nápoles de Italia se realizó casi por el mismo monto
que había recibido cuando se fue del país. Los napolitanos abonaron
7.700.000 dólares y cuando regresó a España para jugar en el Sevilla
la operación se hizo en 7.500. 000. dólares. A esta altura es
necesario preguntarse cuánto valdría hoy Maradona. Es que el dinero
que mueve el fútbol en los últimos años creció de manera increíble
y Hernán Crespo, un jugador con poca técnica, pero con un gran
olfato goleador, alcanzó una cifra astronómica. En los años ochenta
hubo un receso en cuanto a la venta de jugadores, porque al final
de la década, con la caída del muro de Berlín los clubes europeos
recurrieron a jugadores de las ex.repúblicas socialistas. El paréntesis,
sin embargo, no fue muy prolongado. En los noventa, Caniggia y
Troglio jugaron en el Verona Dertycia pasó fugazmente por la Fiorentina
y luego se fue e España. Fernando Redondo fue transferido a Tenerife
y posteriormente al Real Madrid. Por Gabriel Batistuta Fiorentina
pagó 4.500.000 de dólares. Juan Sebastián Verón pasó la Sampdoria
por 6.700.000 dólares. Pero, sin duda, el pase que causó mayor
sorpresa en los últimos tiempos fue el de Matías Almeyda al Sevilla
de España. Los andaluces abonaron a River cerca de 9 millones
de dólares por un volante defensivo, un puesto en el que generalmente
se manejan cifras menores. En 1996 las ventas al exterior registraron
la formidable suma de 74.015.000 dólares por 46 jugadores. En
esa época fueron transferidos Ariel Ortega al Valencia de España;
Sebastián Rambert (Independiente) y Javier Zanetti (Banfield)
quienes fueron al Inter de Milán por 6.550.000 dólares. Gustavo
López y Cristian González pasaron al Zaragoza de España. Un jugador
emblemático es Diego Simeone, quien actuó con sostenido éxito
en España e Italia. En los noventa también se abrieron plazas
Que no contrataban argentinos. Vitamina Sánchez y el marcador
Graff, los dos de Rosario Central, Mariano Juan, Iván Gabrich
y Julio Cruz, ex Banfield y River se incorporaron al fútbol holandés.
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