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Long neck, lock taste

Cabezazos en el fútbol: ¿pueden ser peligrosos?
El impacto repetido de una pelota sobre la cabeza puede desencadenar -a largo plazo- alteraciones de la memoria o disminuir la capacidad de planificación.
Por Alejandro Seselovsky, (SALUTIA.COM)

Centro, cabezazo y gol. Hasta hoy, esta pequeña cadena de movimientos no parecía ofrecer ningún riesgo, salvo para el invicto del equipo rival. Sin embargo, algunos estudios presentados recientemente sugieren que impactar repetidas veces el balón con la cabeza puede producir, con el tiempo, alteraciones de la memoria o en la capacidad de razonar, lo que puede ser particularmente preocupante en chicos.

La última conferencia sobre el tema fue organizada en Washington, Estados Unidos, por la Comisión de Productos Seguros para los Consumidores (CPSC). Uno de los disertantes, Mariusz Ziejewski, de la Universidad de Dakota del Norte, realizó experiencias con muñecos de testeo y comprobó que el impacto de una pelota sobre la cabeza es lo suficientemente poderoso como para requerir protección adecuada. En este caso, casquetes semejantes a los que usan los boxeadores amateurs.
El peligro de la repetición
"Todo impacto repetido es perjudicial", afirma el argentino Jorge Francella, médico deportólogo y miembro honorífico del Colegio Americano de Medicina del Deporte. "Y lo realmente peligroso -continúa Franchella- es cuando ese golpeteo crónico se produce durante las etapas formativas del cuerpo."

Para el especialista, si bien el ejercicio es esencial durante la niñez, aquellos deportes que implican impactos repetidos sobre el físico del niño no son aconsejables. "Si un chico cabecea una pelota no sucede nada. Si un chico cabecea treinta veces por día una pelota, durante cinco días a la semana, entonces es muy diferente. Las jugadoras de voley, por citar un paralelismo clínico, pueden sufrir afecciones óseas por el impacto reiterado durante años del salto contra el suelo, sobre todo cuando se produjo en los años del desarrollo corporal", señala Francella.

La primera señal de alarma la dio un estudio holandés publicado el año pasado en la revista de la Asociación Médica de Estados Unidos. El neurólogo Erik Master, del Hospital St. Anna, de Geldrop, aplicó un test a deportistas de diferentes áreas que debieron observar atentamente un cuadro para luego recordar todos sus detalles. El resultado fue que los corredores y nadadores presentaron sólo un 7% de error, mientras que el 45% de los futbolistas reprobó cuando intentó memorizar las imágenes.

En los test de raciocinio, la proporción de futbolistas con dificultades (39%) triplicó a la de aquellos deportistas que no cabecean (13%). Master concluyó que el impacto repetido del balón contra la cabeza acaba provocando lesiones, muchas veces apenas percibidas por las tomografías computadas.
Miedo a la pelota
Otros profesionales, sin embargo, prefieren separar la paja del trigo. La argentina Isabel Díaz, cardióloga y especialista en medicina del deporte, establece diferencias entre el deporte recreativo y la alta competencia. "Cuando se juega por diversión los riesgos son menores o nulos. El problema es cuando los padres crean un clima de competitividad muy nocivo para los chicos, que van a buscar la pelota y saltan a cabecear sin medir ningún tipo de consecuencias. Además, la cabecita de un niño no está preparada para golpear contra una pelota N° 5, de cuero duro y quizá demasiado inflada", agrega la responsable del Departamento Médico del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), en Buenos Aires.

Mientras tanto, los chicos siguen abarrotando los clubes y escuelas de fútbol. José Darío Esposas, profesor de educación física y actual profesor en una escuela de fútbol del barrio de Palermo, en Buenos Aires, quiere aclarar: "Los nenes nunca juegan con pelotas profesionales, sino que son de una medida menor".

"Además, para los grupos más chicos, entre los cuatro y los seis años, las pelotas no están infladas del todo porque si el chico cabecea y le duele, no cabecea más o cabecea con miedo; y lo peor que podemos hacer es formar jugadores de fútbol que le tengan temor a la pelota", argumenta Esposas. Y eso también es grave: que el pequeño aspirante a futbolista no se anime a meter la cabeza cuando viene un centro furibundo con expectativas de gol.
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